viernes, 4 de marzo de 2011

9-El Desierto

Lentamente el sol comenzó a iluminar todos los rincones de aquel inhóspito lugar. Lagartijas y alimañas se escondían rápidamente en sus madrigueras escapando del arrollador paso de cinco gigantescos camiones negros que arrastraban cada uno sus enormes tráiler a gran velocidad. El sonido de sus motores destruía a su paso el silencio que reinaba en el siempre apacible amanecer del desierto.

Jorge Rodríguez sacó sus lentes oscuros de la guantera y se los colocó para evitar que los primeros rayos del sol que despuntaba en el horizonte lo segaran.

Había conducido toda la noche sin detenerse más que para cargar combustible y estaba comenzando a sentir el cansancio. Miró a su lado sólo para comprobar, como toda la noche, que su acompañante aún continuaba completamente dormido. No lo conocía y odiaba transportar desconocidos, pero la orden había llegado desde muy arriba. Ni siquiera se habían dirigido la palabra cuando los presentaron hacía solo unas horas, pero para Rodríguez eso era lo mejor. Esperaba llegar a destino y no volver a verlo nunca más.

El calor, el cansancio y la interminable línea recta de la carretera lo estaban comenzando a marear. Por momentos Jorge dudaba si estaban detenidos o en movimiento, y agradeció notar como el sol se elevaba lentamente frente a ellos mientras avanzaban.

De pronto a los lejos distinguió lo que estaba esperando desde hacía varias horas. Despertó de un golpe a su acompañante avisándole que estaban por llegar. Aguardó el momento indicado, y apretando fuertemente el acelerador, giró bruscamente el volante hacia la derecha haciendo que el camión junto con el tráiler salte de la ruta cayendo violentamente sobre un camino de tierra oculto en el desierto e imposible de distinguir desde la altura de la carretera. Los amortiguadores crujieron y la maquina se balanceó de lado a lado, pero tras unos momentos se estabilizó y desparecieron en el horizonte junto con los otros cuatro camiones que lo seguían a pocos metros de distancia.

El conductor miró a su acompañante quien le sonrió felicitándolo por la arriesgada maniobra. Un orgulloso Rodríguez volvió a mirar hacia el frente y se acomodó en su asiento cuando sintió un pinchado entre las costillas… y otro… y otro. Miró sorprendido a su acompañante quien ahora estaba a su lado y le clavaba una y otra vez un enorme cuchillo. Jorge miraba estupefacto como ahora el extraño tomaba con una mano el volante mientras con la otra abría la puerta del camión y lo empujaba al vacío, siendo aplastado por las enormes ruedas del camión y uniéndose a los cadáveres de los demás choferes que eran arrojados de igual manera desde los otros vehículos.

El extraño se acomodó en el asiento y mientras limpiaba la sangre de la navaja mariposa sobre el tapizado del asiento del acompañante su celular comenzó a sonar.

-¿Todo sigue de acuerdo al plan?- preguntaron sin siquiera saludar del otro lado de la línea.

-¡Sin problemas!- respondió sonriendo y luego escuchó que le cortaban la llamada.

Guardó el celular en el bolsillo y sacó otro que llevaba escondido bajo la media. Discó un número y tras unos segundos de espera escuchó que atendían pero nadie emitía ningún sonido.

-Fase Dos Completa- dijo al fin el extraño y luego escuchó que del otro lado finalizaban la llamada.

Sin dejar de sonreír, volvió a esconder el aparato bajo la media y se concentró en la pequeña ruta escondida en la inmensidad del desierto.