viernes, 13 de agosto de 2010

3-Fuera del área de cobertura

-¡El teléfono con el que intenta comunicarse está apagado o se encuentra fuera del área de cobertura!

-¡Maldición!- pensó Matías Garosso cortando la llamada. Estaba harto de escuchar esa voz a través del microscópico audífono inalámbrico colocado en su oído. Había estado marcando ese número todo el día y ahora, obligado a disimular, lo hacía con la mano en el bolsillo. Ya le dolía el dedo por presionar el botón de rediscado de su celular. Sin dudas el día había arrancado pésimo, y parecía que no iba a mejorar.

Tomó aire y tratando de disimular su fastidio, se concentró en el hombre que estaba parado de espaldas a sólo dos metros de distancia... Su “cliente”. Mientras lo estudiaba detenidamente, con un movimiento casi imperceptible presionó con el brazo la Beretta 92 plateada que colgaba escondida y lista bajo el traje de su saco, y sonrió al pensar que él también ya estaba listo.

Dirigió ahora su mirada a la gente a su alrededor y sabía que nadie lo veía, nadie notaba su presencia. Estaba completamente a la vista, pero parecía invisible para el resto del mundo. Aunque ésta no era la parte del trabajo que le correspondía, estaba altamente capacitado para cumplirla. Siempre se mantenía a una buena distancia, pero ahora le tocaba estar a él estar en la primera línea. Volvió a presionar el botón de rediscado.

-¡El teléfono con el que intenta comunic…- Aunque la voz continuó hablando, Matías no llegó a escuchar el final del mensaje. En sólo un segundo el sonido había desaparecido y el tiempo parecía ahora en cámara lenta.

Algo estaba sucediendo, pero aún no comprendía qué. Sintió como si salpicaran su rostro y su ropa. Algo muy cercano había estallado, pero Matías sólo pudo ver como el hombre que hasta hace unos segundos estaba parado frente suyo, ahora retrocedía lentamente cayendo al suelo junto a él. Le costó un momento a su cerebro interpretar que era sangre lo que lo había salpicado hace un instante y que era su “cliente” quien yacía muerto a su lado y sin la mitad de su cabeza.

De pronto, el tiempo pareció volver a la normalidad… pero ahora el sonido parecía amplificado. El grito histérico y lleno de pavor de las veinte mil personas lo sacaron de su estado de shock. Desde arriba del escenario, el agente de seguridad privado, Matías Garosso, se agachó para comprobar que su cliente el senador y candidato a presidente de la Nación Marcelo Hernán Pricciota ya no tenía signos vitales. Desde el suelo, trató de buscar a través de los cientos de flashes que lo fotografiaban a la familia del senador que era empujada y golpeada por la marea de gente que trataba de huir.

Garosso soltó el cuerpo de Pricciota y a través del pequeño micrófono de su solapa se comunicó a los gritos con el chofer de la limusina que lo esperaba en la parte de atrás. Saltó del escenario y desenfundando su arma trató de liberar del tumulto a Maribel, Vanessa y Rubén que se abrazaban agazapados y estupefactos por lo sucedido. Tomó a Maribel del brazo quien reconoció al instante a Matías y con un gritó les pidió que lo siguieran en dirección contraria a la desesperada marea de gente.

Los llevó hasta una puerta escondida bajo el escenario y corrieron a través de un improvisado laberinto hasta salir por una puerta trasera juntó a la limosina que los esperaba con el motor encendido.

Una vez dentro, las ruedas rechinaron y el vehículo desapareció rápidamente por entre las calles de la ciudad.

Desde la parte delantera del vehículo Garosso giró sobre el asiento y miró a la familia que lloraba desconsolada.

-¿Están todos bien?- preguntó.

Los tres lo miraron horrorizados y ninguno dijo una palabra mientras lo miraban estupefactos. Recién ahí se acordó de que aun no había podido ni siquiera limpiarse el rostro bañado con la sangre de Pricciota. Matías sonrió como pudo y se volvió a acomodar en su asiento mientras subía el vidrio polarizado que los separaba de la familia tratando de dejarlos tranquilos por lo menos por un momento.

Comenzó a limpiarse la cara con la corbata mientras sacaba su celular para volver a presionar el botón de rediscado.

-¡El teléfono con el que intenta…- Antes que termine el mensaje Matías cortó y volvió marcar desesperado y gritándole al teléfono.

-¡¡¡Dónde demonios estás maldito!!!

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