Las cerdas del pequeño cepillo raspaban suavemente los restos de pólvora del interior del cañón de casi 70 centímetros. A pesar de los guantes de látex, sus manos no perdían la destreza y precisión para manipular con extremo cuidado cada parte de la Lapua Magnum calibre 338. Tras dejarlo completamente limpio, colocó la pieza junto con las demás partes del rifle sobre un paño blanco, todo prolijamente ordenado en una pequeña mesa que se hallaba a su lado.
Tomó un sorbo de su mejor whisky, reservado para aquellos trabajos especiales, mientras miraba a través del ventanal como la ciudad se iba encendiendo lentamente con el alba. Se desperezó suavemente sobre su sillón y tras sacarse los guantes y arrojarlos a la basura, abrió su pequeña computadora portátil.
Antes de encenderla, conectó un dispositivo satelital a una de las entradas de la computadora para que sea imposible registrar su ubicación. Tecleó una contraseña y la pantalla mostró directamente la ventana de su correo electrónico. Un mensaje sin leer lo esperaba en su bandeja de entrada.
---¡EXCELENTE TRABAJO! Pago realizado. Todo continúa según el plan. Esperamos una rápida entrega del paquete según lo acordado en tiempo y lugar.---
Digitó rápidamente sobre el teclado y la computadora comenzó a hacer una llamada. Se puso el auricular en el oído y escuchó como una voz le confirmaba que el dinero había sido acreditado en una de sus cuentas en el exterior.
Lleno de satisfacción y con una gran sonrisa volvió beber de su whisky, cuando sus ojos se posaron sobre su incompleta mano derecha que sostenía el vaso. La ausencia del dedo menique le recordó lo vivo que se sentía en aquellos momentos y el placer de un trabajo bien realizado.
Volvió su mirada nuevamente al monitor mientras se pasaba una y otra vez la mano deforme por su prolija y tupida barba. Manía que había adquirido con los años y que crecía en los momentos donde tenía que tomar una decisión. Él no era una persona insegura, pero acciones como las que pensaba tomar necesitaban de una clara convicción.
No estaba seguro de querer asumir tremendo riesgo, no porque su vida fuera la que corriera peligro, eso lo despreocupaba, sino por los graves efectos colaterales que traería acarreada su decisión.
Terminó el vaso y se dirigió al ventanal. Los veintidós pisos del edificio le mostraban un fantástico panorama de la ciudad. La vista de la bahía lo relajaba. Cerró los ojos unos segundos y se concentró en su respiración. Lenta y profunda. Había aprendido a meditar de sus viejos maestros hace muchos años cuando se encontraba en una encrucijada y necesitaba ordenar sus ideas. Siempre funcionaba.
Abrió los ojos en el mismo momento en que el sol hacía su lenta aparición. Se volvió a pasar la mano por la barba y con una sonrisa se dirigió nuevamente hacía su computadora.
Antes de comenzar a escribir, miró de reojo con una sonrisa el portafolio negro que reposaba en el otro extremo del escritorio.
---¡Cambio de planes! Pago insuficiente. El paquete será entregado cuando se acredite el triple de lo acordado o se buscará un nuevo comprador. Tiene seis horas.---
No hay comentarios:
Publicar un comentario