martes, 28 de septiembre de 2010

8-Sin Batería

La oscuridad era absoluta.

Sergio Zucarelli respiraba lentamente tratando de mantener la calma. Sus ojos ya se habían acostumbrado a la oscuridad del baúl del auto y su cuerpo, adormecido por la incómoda posición, ya no le dolía tanto, pero que el celular se haya apagado verdaderamente lo desesperaba. Era su única esperanza.

Sabía que si dejaba descansar la batería unos minutos podría volver a encenderlo. Pero no debía hacer ninguna llamada ni enviar ningún mensaje de texto porque volvería a apagarse, y ahí sí estaría definitivamente perdido.

Lamentó la muerte de Martín y se preguntó qué hacía Menéndez con su celular, pero no le importaba, sabía que podía confiar en él. Era uno de los pocos periodistas profesionales que quedaban. Sabía que no cometería ninguna estupidez, pero esperaba que esté a la altura de las circunstancias. Trató de controlar la respiración, no era fácil pensar con tan poco oxigeno dentro de aquel lugar. Relajó los músculos y rogó en voz alta.

-¡No me falles, César!

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